diego prado
DIEGO PRADO
UN AUTOR CONSAGRADO
Aquella mañana, tras la llamada telefónica de la ministra anunciandole que le habian concedido el Premio Cervantes, el autor consagrado se asustó. Pensó que aquello ya habia llegado demasiado lejos y que era el momento de pararlo. El problema era que, como suele pasarles a los grandes mentirosos, nadie iba a creerle. Porque él era eso, un mentiroso, un farsante. ¿Qué debía decirles? ¿Que escribía por exigencias del guión? Sin duda pensarían que se trataba de una excentricidad de genio, pues ¿acaso no estaban ahí sus libros, toda su vasta obra para contradecir su verdad? Sí, era cierto, él había escrito todo aquello, llevando hasta el último extremo el verismo de su interpretación.
Debía contarlo todo en el discurso de recepción, ante los reyes, ante el mundo entero; confesar que él no era quien ellos creían, sino simplemente un actor. Un intérprete que antaño trabajaba en un teatrucho de mala mota y que seguía a rajatabla el método interpretativo de Stanislavsky, inmerso totalmente en la problemática del personaje. Su último papel -hacía años de ello- había sido el de un escritor de éxito en un drama mediocre. Su modo de trabajar le obligaba a ser un literato las veinticuatro horas del día para lograr penetrar en la compleja psicologia del autor al que representaba. Hasta se apuntó a un curdillo de escritura crativa y aprendió a escribir bien par darle más realismo. Frecuentó cafés de escritores y se compró una pipa, una Underwood y un mazo de folios.
Escribir fue cosa de ponerse. Y ya no pudo parar. Para entonces, incluso tras el fin de aquellas olvidables representaciones teatrales, el personaje se había apoderado de él por completo. Jamás aspiró a ser un escritor de verdad, pero de los balbucientes primeros escritos empezaron a salir textos largos, luego novelas, un editor, libros por doquier, el aplauso de la crítica.... Una sorprendente bola de nieve. Y ahora el premio Cervantes. ¿Cómo defraudar a a todas aquellas personas que creían en él y habían soñado con sus historias?
Debía confesar, sí, pero entonces, parado frente a las hojas en blanco, decidió que no, que les dieran morcilla. Y en su lugar se puso a redactar un académico discurso con grandes palabras que no entendía.
El último libro de Diego Prado es Las espigas de la imprudencia (La Busca, Barcelona 2003).
Diego Prado dijo
muy buen texto. aunque me hubiera gustado leer un poco mas, ya que a pesar que este extracto tiene condordancia, no creo que refleje toda la trama del libro. exitos! el autor es mi homonimo, gracioso no? haha
5 Junio 2007 | 06:06 AM